Acompañar a otros nos implica por completo.
No alcanza con saber qué hacer, es necesario poder estar, escuchar de verdad y sostener la presencia incluso cuando no hay respuestas claras.
Esta profundización nace del deseo de volver a la práctica, de detenernos a mirar cómo estamos habitando el rol y qué nos pasa cuando acompañamos.
Es un espacio para entrenar la escucha, afinar la sensibilidad, reconocer los propios recursos y también las dificultades, en un clima de cuidado y supervisión. Un tiempo para compartir experiencias, aprender unos de otros y seguir creciendo como counselors, integrando lo personal y lo profesional, con mayor conciencia, humanidad y coherencia en el acompañar.